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Una de las maravillas de la química radica en la impresión que nos genera ver cómo una materia que a la simple vista parece ajena o contraria a su aplicación, termina convirtiéndose en el mejor socio para ésta. Así sucede con el ácido sulfónico: la primera mirada que le damos nos revela a un líquido color café, viscoso, que para nada nos acerca a una imagen de limpieza. Pero lo cierto es que el ácido sulfónico es uno de los grandes socios que posee la industria de la limpieza para la realización de productos químicos. ¿De qué está hecha su magia?

Obtención del ácido sulfónico

La obtención del ácido sulfónico posee distintas rutas, como la reacción de dióxido de azufre y oxígeno con alcanos mediante la presencia de sustancias que generan radicales libres o la síntesis de ácidos sulfónicos alifáticos por oxidación de tioles.

Pero la más utilizada es la sulfonación. Se trata de la formación de un compuesto que contiene el grupo -SO2 OH en su estructura molecular. Los agentes más comunes para conseguir esa formación son el ácido sulfúrico concentrado, ácido sulfúrico fumante (óleum), trióxido de azufre, ácido cloro sulfónico y ácido sulfuroso.

 Composición

Tal vez las propiedades del alcido sulfónico no sean muy conocidas. La fórmula de este ácido inestable es  H-S(=O)2-OH y su nombre bajo los estándares internacionales es el de “Linear Alkyl Benzene Sulphonic Acid (LABSA, por sus siglas en inglés).

Como no puede ser de otra manera, este producto está constituido entre 96.5 y 97.0% por ácido sulfónico, el resto está conformado por humedad hasta en un 0.8%, ácido sulfúrico en un máximo de 1.5%. y alquilbenceno libre en un máximo de 2%.

Todo esto le confiere un comportamiento sobresaliente en todas las aplicaciones. Los resultados también son muy elocuentes. En especial en un valor trascendental: sus propiedades de biodegradabilidad son muy buenas. Y el medio ambiente lo agradece.

 El gran limpiador

Como muchass de las sustancias químicas, el ácido sulfónico está presente en nuestro día a día pero no lo notamos. Sus aplicaciones abarcan, en especial, ese campo que es tan familiar para el mantenimiento y limpieza de nuestros hogares: los detergentes.

Es muy usado para producir varios tipos de detergentes y emulsionantes, como el detergente para lavar los platos, el jabón “duro” utilizado para quitar manchas más “duras”, los detergentes para la limpieza de textiles, los limpiadores de cuero y el agente anticongelante de la industria del papel.

Tal parece que esa sustancia viscosa, del color del café, que parece ensuciar más que ayudar en la limpieza, nos pide que no la juzguemos por su apariencia: ella es nuestra gran aliada para para combatir la suciedad.